“Las anchoas nunca devorarán al tiburón azul; pero los escualos tampoco pueden atrapar el placton”

7 May

En una democracia  la actividad periodística debe ser la correa de transmisión entre la información política y la sociedad civil a la que le afecta. Pero resulta que los medios, sujetos a fuentes oficiales que, al igual que ellos, dependen del mercado, actúan como correa de transmisión de la desinformación.

¿Es Wikileaks la respuesta a las necesidades sociales que el periodismo no cubre?

El catedrático de opinión pública y comunicación política, Victor Sampedro, habla de Wikileaks como del máximo representante de la “ideología de la transparencia”.  Es cierto que la actividad de la red de filtraciones ha sacado a la luz asuntos que chocan directamente con la idea de democracia. Sí con la idea, que no con la aplicación que, evidentemente, aquí no se da.  Los hackers de la verdad son atacados por las fuerzas políticas. Son países democráticos los que han pedido el procesamiento de Julian Assange, los mismos países que imponen restricciones de acceso a los contenidos  online.

 No es precisamente una democracia el sistema que se mantiene en el poder gracias a la manipulación que ejerce sobre su pueblo. Es, como afirma Sampedro, una “securocracia”: Nos venden seguridad a cambio de libertad.  Nos dirigimos hacia un ejercicio cada vez más autoritario del poder y hacia una negación o relajación de los derechos.

Relajación. Es lo que asocia la mayoría, por ejemplo, a ver la televisión, que ofrece entretenimiento y distracción, precisamente lo que, en general, prefiere el público a la hora de consumir medios. Es por esto que la absoluta transparencia, que podría lograr la actividad de Wikileaks, no sería ninguna panacea para reparar las averías de la democracia. Porque un incremento desmesurado de la información y de la denuncia del mal funcionamiento del sistema que nos gobierna, podría provocar, y provoca, la impotencia que da lugar al conformismo, al pasotismo del público, que busca la comodidad, la relajación.

Con internet se ha puesto en evidencia la dudosa veracidad de las fuentes oficiales. Gracias la web se da la interacción entre los medios y el público, lo que ha dado lugar a nuevos formatos informativos. Un ejemplo del necesario  periodismo independiente es la fundación ProPública, que ofrece información en internet elaborada por periodistas de investigación que recurren a fuentes no oficiales. Esta web cuenta con dos premios Pulitzer.

O  se produce un salto cualitativo en la participación de los ciudadanos en la gestión de la sociedad, que tenemos medios para lograrlo,  o cada vez tendremos menos libertad de decisión, eso sí, nos sentiremos más “seguros”.

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