Wikileaks y el periodismo

17 Abr

Wikileaks ha revolucionado el sistema de comunicaciones. Desde su creación en 2006, esta nueva organización internacional ha desequilibrado las bases del poder político, a través de filtraciones de cables informáticos secretos. Ha proporcionado a la opinión pública datos que los gobiernos preferirían mantener guardados.

Este nuevo sistema global de comunicación, fundado por Julian Assange, ha abierto el debate sobre la transparencia informativa de los gobiernos y sus intermediarios, lo medios de comunicación convencionales. Todo ello, en el contexto de la denominada Web 2.0, donde la red se convierte en un espacio público, abierto a la participación y opinión del usuario. Wikileaks proporciona al internauta todos los datos en forma de materia bruta, hecho que puede causar una saturación de información. Para ello, Wikileaks se ha servido de distintos medios de comunicación, los considerados cinco privilegiados (Le Monde, El País, Der Spiegel, The New York Times y The Guardian),  para dar a conocer dichas filtraciones. Pero el problema se encuentra en que los medios seleccionan de todos esos datos lo más relevante, construyendo así la realidad social. Pero, lo más relevante ¿para quién? ¿Para la sociedad o para unas minorías? Ya que no podemos olvidar que son empresas privadas pendientes de su cotización en bolsa y expuestas a presiones gubernamentales.

Un ejemplo claro es cómo los medios de comunicación españoles trataron la autoría de los atentados del 11-M en Madrid. Como consecuencia, surgen dos hipótesis entorno a quienes fueron los autores: la primera, apoyada por el Gobierno y la mayoría de los medios de comunicación convencionales, que determinaban la autoría de ETA. Y una  segunda, apoyada por diversos colectivos de ciudadanos, filtrando informaciones de medios extranjeros, que se expresaban por Internet y  a través de sms,  fundamentaban la autoría de Al-Qaeda. Este hecho evidencia, cómo los medios convencionales se encuentran sometidos al poder político y es, gracias al nuevo sistema de comunicaciones, Internet, cómo los ciudadanos se convierten en actores de la opinión pública, reivindicando sus derechos.

Volviendo al tema anterior, el periodismo da al público hechos interpretados, por tanto, ¿las acciones que realiza Wikileaks son propias del periodismo? O, más bien, ¿de una fuente de información?

Víctor Sampedro en su ensayo Wikileaks, la revolución recoge que “Assange reivindica que Wikileaks hace periodismo científico porque ofrece los datos y documentos originales que permiten la constatación empírica de su veracidad por parte del público”. Pero esos datos, como bien dice, son originales, se presentan como materia bruta, por tanto, no son interpretados. Y el proceso periodístico necesita de un análisis e interpretación de los sucesos que han ocurrido. A partir de aquí, se puede calificar a Wikileaks como una nueva fuente de información, aunque con la sospechosa obtención de las filtraciones que proporciona.

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