MODA Y CONTROL SOCIAL

23 Feb

El ser humano por naturaleza es social y la sociedad se comporta de manera unísona, es difícil sobrevivir si desentonas, si no encajas.

La ropa no es sólo tela

La sociedad está compuesta por individuos que buscamos continuamente relacionarnos; huir de la soledad moral y física.

El ser humano por naturaleza es social y la sociedad se comporta de manera unísona, es difícil sobrevivir si desentonas, si no encajas.

Desde que somos pequeños buscamos entrar en distintos grupos sociales, desde el colegio hasta el mismo lugar de empleo. El hombre necesita de la relación social del mismo modo que necesita alimentarse y reproducirse, como bien aprendíamos en ciencias naturales sobre las funciones vitales.

Como individuos sociales que somos nos duele el silencio y aislamiento. Ante la posibilidad de darse esta situación incómoda, necesitamos sentirnos identificados. Ya  sea con una nación, una religión, una ideología, o un grupo social, buscamos vernos reflejados en otras personas; engancharnos entre los componentes de un grupo que nos trasciende y nos aporta seguridad.

El mismo contrato social nos empuja a seguir la moda, para no desafinar entre los “normales”. Por lo que la moda se comporta como un mecanismo de control social. Creemos que elegimos nuestra ropa libremente, que somos exclusivos y vestimos mejor que otros. Pero, ¿quién determina nuestras preferencias?

“Sobre gustos no hay nada escrito”, y si que lo hay pero no lo hemos leído. Solo lo han leído los publicistas, aquellos que saben lo que quieres y si no lo quieres hacen que lo quieras. Una de las estrategias que utilizarán estos gurús de la venta de modas es dirigirse al público como criaturas de poca edad o enfermos mentales. La mayoría de la publicidad televisiva dirigida al gran público utiliza discursos, argumentos, personajes y una entonación típicamente infantil. Si te diriges a una persona como si tuviese una edad de unos 10 años, atendiendo a la sugestión, esta persona tendrá una respuesta trivial ante lo que ve en los medios de comunicación.

Como bien dice Denis McQuail los medios masivos representan un recurso de poder, esto es, un instrumento potencial de influencia, innovación y control en la sociedad. Hay ejemplos múltiples en el día a día que confirman el poder de los medios. A través de ellos, se generan corrientes de pánico que influyen de un modo determinante en los comportamientos. Los medios influyen en nuestra vida y conforman nuestras creencias.

A través de la mediación de la experiencia los medios transmiten versiones ajenas acerca de acontecimientos que nosotros, como espectadores, no podemos observar directamente. Por lo que el público cree a pies juntillas lo que ve, ya que es lo único que conoce. Y en el caso de los anuncios, se crea la necesidad impetuosa de poseer esos vaqueros que a la chica del anuncio le hacen tan delgada.

Estas modas promovidas por la publicidad implantan en la sociedad la mediocridad y la estupidez, desviando las mentes adormecidas de lo realmente importante para el propio individuo. Se estimula al público para creer que  “La moda” es ser simple, estúpido, vulgar e inculto. Instando a tratar como a “Bicho raro” a quien piensa más de la cuenta.

Se anestesian las conciencias y la sociedad se convierte en un rebaño de vestidos, zapatos, bolso, y demás complementos que siguen las tendencias marcadas. Por que como bien dijo Aldous Huxley en su obra Un Mundo Feliz, “Si uno es diferente se ve condenado a la soledad”.

La sociedad se uniforma y el sistema ha conseguido conocer mejor al individuo común de lo que él se conoce a sí mismo. Esto significa que, en la mayoría de los casos, el sistema ejerce un control mayor y un gran poder de manipulación y utilización de los individuos, mayor que el de los individuos sobre sí mismos. Y es que si todos somos iguales, el poder sólo necesita conocer el comportamiento de uno de nosotros, para conocer a la sociedad en su conjunto.

Se empieza por la ropa y se acaba por el pensamiento. No dejemos que esto se convierta en la obra de Orwell, donde la “policía del pensamiento” camina a sus anchas.

LUCÍA LAMAS CHICANO

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